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foto gentileza de Valeria Vastillo. Voluntaria de América Solidaria.

foto gentileza de Valeria Castillo. Voluntaria de América Solidaria.

En cuanto llegué a Puerto Príncipe noté que había un patrón comercial que se repetía de forma ininterrumpida: salones de belleza y juegos de azar.

En la ciudad levantas una piedra y una peluquería te sale al encuentro, caminas tres pasos y te encuentras con un boliche de juegos de azar. Y claro, lo de los juegos de azar se entiende perfecto desde la mirada de una población llena de carencias económicas y de bienestar mínimo, por lo que el golpe de suerte para los haitianos es una luz que se enciende entre la polvareda de Puerto Príncipe.

Pero ¿y los salones de belleza? Tanto para hombres como para mujeres, son lejos el negocio más popular. Y atraen a sus clientes con llamativas pinturas de los rostros de moda luciendo peinados exclusivos y barbas perfectamente podadas, lo que todo afro descendiente necesita, pues.

Y sólo llegué a entender la dinámica social de la peluquería el día en que Chile se enfrentaba a no sé qué otro país por eliminatorias para el mundial de fútbol, y queríamos verlo, y alguien me dice: “en la peluquería de la otra cuadra lo están dando”.

¿En la peluquería? Claro, ¡en la peluquería! Y entonces entré y se ataron todos los cabos que no había podido atar desde que llegué: la peluquería es un lugar en el que los haitianos pasan mucho de su tiempo libre, porque no solo se acicalan, si no también sociabilizan de forma barata. Las peluquerías no solo tienen tijeras y secadores, también mesas, televisores y cerveza al mismo precio del supermercado, negocio redondo ver el partido en la peluquería.

El haitiano promedio no tiene electricidad asegurada, mucho menos televisor o refrigerador; por lo que la peluquería es el sitio perfecto para ver el partido, comentar de actualidad, tomarse una cerveza helada y por muy pocas lucas, además te hacen la barba, te trenzan la melena o te retocan el bigote perfecto. No hay por dónde perderse, es flor de negocio.

Me acordé entonces de las películas gringas que mostraban el Bronx en los 50 o 60, esas barberías atendidas por el negro ya de barba blanca, al que los caballeros le llevaban sus hijos para afeitarse por primera vez, y dónde el barbero era el consejero y terapeuta del barrio; esas peluquerías típicas de las películas donde las mujeres afroamericanas van a pasar horas trenzándose sus largas y oscuras melenas, haciéndose toques de color y por sobre todo, comentando sobre la cornuda de turno o el hijo de puta que ha dejado de pagar la pensión de alimentos de sus hijos.

Y hablo desde las películas, porque no soy mujer de peluquerías ni centros de estética, de manicuras o tratamientos de masaje, voy una vez por año a la que me quede cerca a pedir que por favor hagan algo con eso que llevo en la cabeza, y me siento extraña en la conversación cómplice de género que allí sucede. Supongo que es un espacio por explorar, al que deberé dejar de hacerle asco y comenzar a tomar con más sociología que intelecto.

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foto gentileza de Valeria Castillo. Voluntaria de América Solidaria.

**Mi viaje y estadía en Haití son parte de un proyecto colaborativo entre The Melton Foundation y Fundación América Solidaria Haití, para capacitar a sus voluntarios y staff en temas de comunicación estratégica que permita apoyarlos en la difusión y sustentabilidad de la labor voluntaria que realizan en 17 proyectos de salud, desarrollo productivo y educación; con especial foco en población infantil y adolescente en los que trabajan 19 profesionales voluntarios y 6 profesionales como parte de un equipo ejecutivo en colaboración con diversos socios territoriales y organizaciones de carácter local e internacional.  Esta serie de relatos acerca del viaje no representan necesariamente el pensamiento de ambas organizaciones y son de mi entera responsabilidad**

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3 pensamientos en “Haití 03: El fútbol lo vemos en la peluquería

  1. Felicitaciones por tu labor y sí, también me fue inevitable rememorar aquellas barberías de afroamericanos retratas en films e imágenes de otras épocas. No cabe duda que en Haití ello además tiene por tu descripción un contexto social importante, de compartir y departir.

    Curiosamente eso se da por los pocos medios y comodidades, nosotros en cambio, atestados de celulares touch y otros artilugios tech, vamos por otra vertiente; la del individualismo, ese que ni siquiera permite que muchos levanten la cabeza en la locomoción pública o se saquen los audífonos para ver o escuchar lo que le ocurre a quien tenemos enfrente.

    Aunque suelo leer por acá no siempre posteo…
    Buen periplo. Saludos.

    b.

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