Home

ventana

Corro, corro y me cuesta respirar, pero sigo corriendo; busco las llaves en el bolso, se caen, las recojo, estoy atrasada, para variar; subo las escaleras, abro la puerta, tiro el abrigo y el bolso sobre la mesa de la entrada; corro al locutorio, salto sobre el sillón, muevo las perillas y:

“Se acabó la tontera señores, arrancamos con otro episodio de La Mañana de Josefina, cuando son las 10 con 2 minutos…”

Y así comienzo un día más, sola, sentada en un sillón incómodo, detrás de una mesa con miles de perillas, pantallas de computadoras centelleantes que no entienden mi dolor de ojos y un teléfono que no comprende que a veces no tengo ganas de contestarlo.

Y el micrófono, un aparato que me espera hambriento, que me vigila mientras escribo este cuento, porque no es hora de hacerlo, porque debería estar preparando la próxima salida al aire, porque “trabaje, para eso le pago”.

Todavía tengo lagañas en los ojos, pero lamentablemente, eso no me impide ver el polvo en las ventanas, ese polvo hace que todas mis mañanas sean nubladas, oscuras y aún más solitarias…

¡¡¡¿¿¿ Es que no hay plata en esta radio de mierda ni siquiera para limpiar las ventanas???!!!

Por entre la tierra de los cristales se divisan oficinas, de secretarias con trajes baratos, con zapatos que no combinan y quedaron en el catálogo de la temporada pasada; pasan por la calle vendedores de seguros con ternos de oferta y maletines de plástico que quieren parecer cuero, rogando a la suerte levantar un par de clientes más.

Suena el teléfono y piden tono de fax, mientras hablo y hablo de SIDA, de racismo, de injusticia y mentiras; mientras hablo y me escuchan en quizás cuántos parlantes; mientras me aman y me odian, se graba un fax en ese papel que me hace doler los dientes, en ese papel que se borra al tocarlo, que se altera con el roce de una uña.

“Todos los días escucho la radio y veo a Josefina, ya que trabajo en frente del edificio y mi ventana da con la de ustedes…”

Y es que nadie puede leer un fax así y quedar indiferente; se te acabó la privacidad, la tierra de los ventanales no ha sido suficiente para resguardar el secreto de mis dedos en la nariz, de mis conversaciones telefónicas, de mis depresiones sumidas en las perillas, de mis berrinches en contra del micrófono.

Entonces entré en un estado de paranoia inexplicable, buscando entre las oficinas aledañas un par de ojos que me miraran con la delicia de quien mira por la cerradura a una pareja haciendo el amor; unos ojos que me miraran con la discreción de quien mira a un hombre que engaña a su mujer; unos ojos que miraran con el deseo de quien mira a quien humedece sus sueños; unos ojos que me miraran con la determinación que el asesino mira a su víctima.

Por entre la mugre de los vidrios trato de encontrar a quien me controla, a ese alguien que sigue mis pasos sin que yo me de cuenta, a ese alguien que se divierte en la oscuridad del anonimato y la fantasía de mi paranoia.

Estoy a mitad del programa y el teléfono no para de sonar, la botella de jugo está casi vacía y suena un tema acústico que me recuerda a uno de esos hombres que pasaron, te estremecieron, se fueron y aún te aman; de esos que te preguntas por qué no pudiste amar con la misma fuerza, de esos que pudieron ser el elegido pero no lo fueron.

Pero la tranquilidad de esos pensamientos reminiscentes fue interrumpida por el teléfono, una vez más.

–          Hola? Llamaba para confirmar si recibiste mi fax…

(Las ganas de preguntarte tu nombre, dónde estás, por qué me llamaste, por qué me escribes, qué es lo que quieres, ¡déjame en paz!)

–          No, no he recibido ningún fax esta mañana…

–          Tuut, tuut, tuut…

Mierda, cortó.

Ahora me tirita el alma, me cuesta escribir, el lápiz resbala por entre mis dedos húmedos de sudor, y no logro terminar este cuento porque mi cerebro no responde, mis piernas tiemblan y no me puedo levantar, el sillón me absorbe y el polvo de las ventanas se ríe en mi cara y entra por mi nariz, como cocaína dura, me irrita los ojos y las lágrimas no terminan, se condensan y me cubren el rostro, como escondiéndome de mi destino, como protegiéndome de la mugre flotante.

Me acerco al micrófono para despedir el programa y una incesante corriente de  líquido se desliza por mi nariz, y cae por mis labios, rebota en el micrófono y tiñe de rojo el teclado de la computadora, estoy sangrando y sé que alguien me observa desde su oficina.

No tengo nada con qué limpiarme, digo hasta mañana con los labios ensangrentados y burbujas coloradas explotando por mi nariz, alguien está observando mientras la sangre cae por mi barbilla, alguien tiene un pañuelo  y no me lo entrega.

Una vez más bajo las escaleras, como todos los días a mediodía, abro la reja y camino, paso por la puerta de espejo y ¡mierda! Tengo la polera manchada con sangre, el pantalón manchado con sangre, las uñas con sangre incrustada en la carne y la mirada de alguien que está atento a mi salida de la radio.

Vuelvo, subir las escaleras, entrar al baño y tratar de quitar las manchas con un jabón líquido que más que limpiar, me dispersa la sangre por la ropa.

Al salir del baño veo que la máquina de fax tiene un papel colgando…

¿Salió la sangre de la ropa Josefina?

Rápidamente arranqué el papel y lo tiré a la basura, como quien desprecia las cartas de un amor maldito, como quien destruye hojas en blanco por falta de inspiración, como quien cierra la puerta de golpe tras una pelea, o pero aún, cuando nada ha sucedido.

Suena el teléfono y no me atrevo a contestar, suena el teléfono y lo miro con los ojos tan abiertos que me duelen, como si de él fuera a aparecer mágicamente la persona que me observa, como si al tocarlo tocara a mi enemigo, como si al tocarlo tocara las llamas del infierno, y las he tocado.

Entonces el papel de fax comienza a salir, sale blanco, sin manchas, sin letras, sin color, sin marcas, blanco, blanco, blanco.

Mientras lo observo vomitar metros y metros de papel blanco, como si viera al demonio pariendo sombras, siento en la espalda una punzada, un frío purificador me recorre entera y caigo de rodillas, luego, tendida en el suelo y teniendo como único panorama, las ventanas polvorientas, siento la humedad de la alfombra bajo mi cuerpo; el fax dejó de vomitar y la tierra de los cristales ha desaparecido; mi ropa ha perdido las manchas y yo respiro sin problemas…

¿O es que no respiro?

Anuncios

12 pensamientos en “[cuento] El polvo en las ventanas

  1. Angustia me provoca. Buen trabajo literario. Me encanta el personaje, es tímida, angustiosa, solitaria. Siente rabia frente a la miseria humana, la indiferencia, la falacia, los bolsos que no son de cuero, las miradas inquisidoras, la decadencia, el puto polvo de las ventanas.

  2. Me conmueve como logras plasmar los sentimientos, por un momento soy Josefina, por un momento estoy dentro de la historia y eso solo lo logra un gran escritor. Por muchos cuentos más!! Beso grande desde Argentina

  3. Nuevamente se agradece esta historia.
    Quizás porque me siento identificado con ese admirador quien logra verte desde la oscuridad de ese vidrio opaco y polvoriento, pero sin ese grado de sicopatía de perseguir y acosar.
    Para mi que me considero tímido a medias, porque puedo hablar sin problemas frente a una multitud, pero no articulo sonido frente a la mujer que amo, la angustia de Josefina es como la espada de Democles que pende sobre su cabeza, al perder su espacio público de privacidad desde el locutorio, su castillo de distancia contra el mundo mediocre que la rodea, haciéndola sentir tan frágil como el polvo pegado en el vidrio…
    Cada vez que te leo, me dan mas ganas de desempolvar aquellos cuentos y versos guardados en cajas atemporales, y esperar que quizás el 0,1% de quienes te leen, puedan hacerlo conmigo.

  4. Beso Ruffinelli, bien!!!, desde el Sur grisáceo, irrespirable e invivible que nos heredaron los fomukenses de ayer, los que hoy echan abajo las casas de la Av Alemania, y construyen monumentos a la fealdad…forza en la capitale, y arrojo en la boheme!!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s