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Al contar que me venía a Haití, la gente abría los ojos más de lo normal, me preguntaba si hablaba en serio, me sugería que me cuidara y me regaloneaba diciendo que me querían de regreso enterita.

Yo me pregunto: ¿por qué no habría de regresar enterita?

Supongo que la cantidad de mitos que rodea este país azotado por la naturaleza, la violencia, la inestabilidad política y las enfermedades, además de toda la mitología acerca del vudú y las leyendas urbanas, han hecho de este lugar un espacio que inspira terrores nocturnos para muchos adultos.

Y la verdad, es que no son tantos.

Sí, la pobreza es dolorosamente extensa e intensa, un país que tiene un 80% de población que pasa hambre y donde los “blancs” que trabajan en ONGs, lo hacen bajo estrictas medidas de seguridad, que en muchos casos son bastante innecesarias y solo contribuyen a crear gethos de blancos poderosos en un mundo de negros con carencias, que sin duda se sienten más africanos que americanos, y que ven en su historia reciente un certificado de bravura.

Fueron los primeros negros en independizarse, el idioma creole –que es una variante del francés, pero como si fuera pronunciado por un chileno que no conoce el idioma- y la presencia latente de la práctica vudú que mueve las sangres haitianas al ritmo de tambores y experiencias  espirituales mientras se dicen cristianos y pintan en todas sus construcciones frases que dejan en las manos de dios sus destinos, sus decisiones y sus días; pues entonces son algo así como los “highlanders” caribeños. Aguerridos, luchadores y por qué no decirlo, también bastante machistas.

Decidí entonces, crear una serie de posts acerca de mi experiencia en Haití, de lo que vivo con los voluntarios, de lo que veo en las calles, de lo que converso con quienes trabajo y de lo que me pregunto cuando veo todo esto, pero por sobre todo, de las respuestas que yo misma me doy acerca de esas preguntas.

Sin más ambición que ser un relato desde la parcialidad, la emocionalidad y la curiosidad que me entrega un viaje como este, desmenuzaré de a poco mi estadía en textos y fotos; en preguntas y respuestas. Y los invito a acompañarme a descubrir un país que se ha promovido como de terrores, pero que nadie nos ha clarificado que esos terrores, son terrores de blancos.

**Mi viaje y estadía en Haití son parte de un proyecto colaborativo entre The Melton Foundation y Fundación América Solidaria, para capacitar a sus voluntarios y staff en temas de comunicación estratégica que permita apoyarlos en la difusión y sustentabilidad de la labor voluntaria que realizan en 17 proyectos de salud, desarrollo productivo y educación; con especial foco en población infantil y adolescente en los que trabajan 19 profesionales voluntarios y 6 profesionales como parte de un equipo ejecutivo en colaboración con diversos socios territoriales y organizaciones de carácter local e internacional.**

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9 pensamientos en “Haití 01: Terrores de blancos

  1. me gusta la causa de la desmitificación. vivimos en ciudades de plástico y cemento cultivando ‘miedos inconcebibles a la pobreza’ y no es más que eso. centroamérica sonríe en medio del barro, mientras nosotros nos negamos a recibir un vaso de jugo de fruta preparado por sus negras manos, o una fritanga que huele delicioso en la calle, que en rigor no son muy distintas de nuestras sopaipas de carro o mote con huesillos en vaso de vidrio que se lava en un agua turbia estancada por todo el día…, o que nuestros gloriosos sánguches de potito del estadio. respeto a los antisépticos señores, pero esto es una cuestión de principios, los que tenemos más (no sé si mejor) tenemos la obligación moral de ser solidarios, y eso no significa obligarlos a adoptar nuestra cultura, sino hacer justicia, porque si ellos están como están (y no es que nosotros estemos mejor que ellos) es porque hemos sido poco equitativos, injustos. Ya decía Schwenke y Nilo, no me vengas con que es todo lo que estos campos pueden ahora producir. hay suficiente para todos, es sólo que unos pocos hemos acaparado. Citando a Parra: hay dos panes, usted se come dos y yo ninguno, la estadística dice que nos comimos uno cada uno. saludos a todos los que les da tanta pena la pobreza que mejor no ven programas de pobres para olvidar que existen, y así poder vivir en paz.

  2. Me encanta!! Generalmente me hacen reir tus columnas y me entretengo leyendo los twits, pero además leer sobre una realidad muy lejana y distante para la gran mayoria desde el punto de vista brufinelistico lo encuentro top!!! Suerte y que vuelvas enterita jaja.

  3. Prometen las siguientes entradas! Haití es un lugar de paradojas donde pasas de ups and downs en cuestiones de segundo y disfrutas la vida intensamente.

  4. Jajaja, me siento en misión parecida. Aunque las razones de mi viaje a Colombia son otras, bastante es el decir: “Loco, esto NO ES como sale en el Patrón del Mal”
    Países que son tachados como lo venden por ahi. Es como cuando te dicen “Oye pero si Chile está súper bien”.
    Un abrazo Bernardita y que gusto que estés en esa misión!

  5. Ojalá podamos, algún día, darnos cuenta que mirándonos el ombligo todo el día no llegamos a ninguna parte o por dar $ 100 de tu vuelto al Hogar de Cristo está todo bien y podemos dormir tranquilos.
    Acá tenemos muchos Haitís y los que no tenemos la suerte de poder estar en el verdadero, no es malo empezar por casa. SUERTE BERNI!!!!!!

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