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Hice la pregunta: ¿de qué hablan las mujeres? Y las respuestas fueron múltiples. Respondieron hombres y mujeres, y lo que más me sorprendió fue que todos creían saber lo que hablamos, sin haber estado en esas conversaciones. Los adultos tendemos a hablar como si representáramos a los demás. Dijeron que hablamos de hombres, que hablamos de otras mujeres, que hablamos de genitales masculinos y por sobre todo, que hablamos sandeces.
Le pregunté, entonces a mi hija, de 12 años, en plena pre pubertad. Las respuestas no fueron tan diferentes, y fueron lapidarias: “hablan de hombres, de estupideces, de la tele y a veces, de otra cosas de la vida más importantes; como la Yeya, que habla de cosas importantes”.
Me quedo entonces con el cliché en la punta de la lengua, con el estereotipo comprobado y el discurso misógino popular avalando centenares de años de represión y menosprecio por el género femenino. Me quedo con que pese a que nos creemos muy modernos y avanzados en el tema de la participación de género y tantas otras ilusiones; a la primera oportunidad de espontaneidad, se asoma nuestro oscuro pasado machista.
También me quedo con la frase de mi hija que me deja analizando con un poco de orgullo su crianza: “hablan de hombres, de estupideces, de la tele, y a veces, de otra cosas de la vida más importantes”. Me pareció escuchar en su declaración cierta molestia, habla de ellas como lejanas; una clara crítica, una evidente punción por entender que esos temas no eran realmente importantes y una ilusión por aquellos temas que, la Yeya –mi hermana- logra poner sobre la mesa.
Y entonces me pregunto nuevamente, ya no ¿de qué hablan las mujeres?, si no más bien: ¿de qué le hablamos a nuestras hijas? Supongo que las primeras en poner temas de conversación relevantes debiéramos ser las mujeres del clan, de la familia, de los círculos cercanos; porque soy de las que cree en la crianza colectiva y no necesariamente desde la madre a la hija exclusivamente. Me gusta pensar que las criaturas crecen mejor y más fuertes cuando hay varios involucrados en su desarrollo y no sólo un par de padres monotemáticos. Y según veo da resultado.
¿Cuáles son los temas a los que invitamos a conversar a nuestras pequeñas? ¿Somos conscientes de la responsabilidad que implica poner tópicos sobre la mesa? ¿Entendemos que los modelos conductuales tienen que ver no solo con cómo nos vemos, la ropa que usamos, si nos maquillamos o vamos a la peluquería, si no que también con lo que decimos de forma normal y cotidiana?
No sé si todas lo tenemos tan claro, ni si queremos ser parte del desarrollo cognitivo y de los paradigmas que se forman las chicas que crecen a nuestro alrededor. En lo personal, las invito a ser parte, a criar colectivamente, y desde los temas menos zonzos, desde aquellos que les sirvan a las niñas para desarrollar blindajes sobre la estupidez y la simple tontera. Seamos parte.

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Columna publicada en el portal latinoamericano www.somosdistintas.com el 4 de enero de 2013.

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8 pensamientos en “¿De qué hablan las mujeres?

  1. por fin te mandaste algo mejorcito…hasta tus columnas son del más rico de los futbolistas y de la cintura pa’ bajo. Parta con el ejemplo

  2. Que hablan las mujeres…??? Ultra dificil su pregunta,,, porque depende de miles de factores,,, desde su nivel cultural,,, su entorno,,su edad,,,sus intereses,,sus gustos.,,, su nivel economico,,su religion etc…..Una pregunta muy amplia,,,pero si busco un factor comun,,, y sin miedo a equivocarme,,, del amor…

  3. Uffffffff, excelente invitación, crianza con contenido, conexión con la tierra y el clan, no importa lo que los adultos escuchen, si cuando niños pudieron crecer en diversidad y riqueza cultural serán capaces de distinguir

  4. Bernardita: creo que te quedas corta en tu análisis cuando dices “qué es lo que YO (o NOSOTRAS) le enseñaremos”, en lo efectivo que pueda llegar a ser la conversación, y qué tan dispuestos puedan estar los niños a cambiar producto de la conversa o crianza.

    Muchas veces solemos dejar de lado la perspectiva del niño, damos por hecho que ellos se adaptan (o “tienen que”) a nuestro mundo o a lo que nosotros hacemos, después de todo, somos los padres, la “autoridad”; pero la realidad dice otra cosa, ellos también nos enseñan y modifican el mundo que dejarán como herencia. Por ejemplo, nosotros fuimos educados pensando en que los niños deben ser obedientes y respetuosos, pero en cosas tan simples como cambiar la tele puedes romper el esquema desde el momento en que tu hijo usa el control remoto mejor que tú, es ahora él quien es superior a ti y te enseña cosas. ¿Con qué moral después le vas a exigir algo si es él quien te da lecciones? Ni hablar si son adolescentes, creo que lo que hacemos en nuestro cotidiano modifica nuestras formas de pensar y eso es algo inconsciente.

    Con el tema de la formación del niño no estoy totalmente de acuerdo contigo, alabo la invitación que haces, pero en el fondo, simplemente ni siquiera hablamos con nuestros hijos -menos vamos a criar a los de otros-, se crían solos, podría hacer una encuesta y preguntar cuántos padres saben el color favorito del hijo, si está pololeando, cuánto conoce el niño al papá… lo único que oiríamos sería un gran “cueck”. Ahora bien, también hay que tener en cuenta que todo eso que los niños aprenden por repetición de uno o su entorno les permite operar en su cotidiano, si le dices algo muy diferente a lo que conoce puede quedarte mirando con cara de “no tengo puta idea de lo que me estás diciendo”. Considero que es difícil llevar a la práctica lo que expones cuando lo sacas del núcleo más íntimo, porque uno no anda por la vida pensando en cómo es y cómo son los demás, simplemente es y lo que anda repartiendo por la vida (probablemente por autoconvencimiento) es más bien con el “cómo yo creo que soy”. Quizás conocerse uno mismo debiera ser la primera tarea, porque en el fondo el uso que uno hace del lenguaje y cómo se comporta en su cotidiano es autoritario, no da espacio a discusión o reflexión, por lo mismo creo que la “crianza colectiva” que propones creo que es limitada, por muy bien intencionada que seas. Poner en evidencia algunos temas puede resultar violento por lo que mencioné antes, desde el mismo momento en que abres la boca puedes estar influyendo negativamente en un niño sin querer, recuerdo varios casos de niños que generaban rechazo hacia mí y otros amigos porque hablaba “como cuico” o por algunos modismos, al niño le habían metido en la cabeza que la gente así era diferente, que tenía que alejarse de allí y romper el prejuicio, los paradigmas, las distinciones de cada familia es difícil.

  5. Estimada, esta columna -como otras- es notable (acabo de descubrirte gracias a una nueva amiga que me recomendó visitar tu página. Con ello, demás está decir, subió de un salto al podio de las cómplices entrañables).
    Nathalie

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