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Las amigas están idealizadas, se habla de ellas como si fueran seres celestiales inmaculados y perfectos, yo creo que no lo son y que la gracia está en que las queremos pese a sus defectos.

La rica: es la típica amiga perfecta, esa de la que todos se enamoran y hay que dejarla a ella elegir primero para después repartirnos lo que va quedando. Es bella, inteligente, adorable, baila, cuenta historias, saca cuentas sin calculadora y hasta toca un instrumento. La amas y la odia a la vez. Igual hace bien andar con ella, te hace rica por asociación.

La jugosa: es la que le gusta la farra y a la que tenemos que andarle agarrando el pelo para que no se lo vomite en la madrugada. La que nos pide el cover de la entrada y nos lo cambia por un juguito de naranja. La encontramos arriba de la barra bailando en cualquier minuto y te pregunta a quién le dio el teléfono a la mañana siguiente.

La sufrida: esa que se la pasa lloriqueando porque el pololo no la quiere, jura que la gorrean, jura que las amigas hacen complots en su contra y se pasa todos los rollos depresivos del universo. Llama a cualquier hora porque tiene pena y espera que una esté siempre dispuesta a pasarle pañuelos.

La filántropa: esa que anda puro rescatando hombres con complejo de cachorro herido para sanarlos y devolverlos enteros a la sociedad. Se mete con puros pasteles emo, con cicatrices emocionales enormes, que le traspasan toda su energía negativa, les sirve de terapia y se van. Te vende las entradas para todos los bingos benéficos y te hace sentir culpable cuando no quieres donar el vuelto en la farmacia.

La pesada: es la tipa insoportable que nadie sabe cómo llegó al grupo, pero que ya es demasiado tarde para desvincularla. La pelan entre las demás y nadie se atreve a dejar de invitarla. Lo peor de todo, es que ella se cree la mejor de todas, y ahí es donde la caga.

La estreñida: huevea mil con lo del colon irritable, que anda hinchada, que la ropa le queda pésimo, que los pantalones no le cierran; pero aún no se convence de que el problema es que subió una talla y no lo asume. Se sabe todas las promos de yogures para el tránsito lento y anda remojando la linaza como las abuelitas, tomando agüitas de orégano, compra chía y se toma unos batidos al desayuno.

La ciega: esa es la que siempre se agarra minos feos, pero los describe como si fueran monumentos de la estética. Nunca sabremos si ella tiene un don para detectar la belleza interior, o si su sistema de selección sufre de hiperlaxitud; pero la cosa es que es necesaria, porque se come lo incomible y sin siquiera arrugar la nariz.

La tacaña: la que nunca lleva nada cuando se juntan en casa de otra, se aviva con la cuenta, se hace lesa con la propina o la colecta y se niega a sumar todo y dividir por el numero de personas en la mesa, ella quiere pagar por separado, porque para eso pidió agua de la llave y no Coca-Cola.

La micrera: todas las micros se las maneja, se los engrupe a todos sin distinción de ningún tipo, solo por deporte y para demostrar que sigue vigente. Es capaz de dejar plantada a cualquiera si le sale una cita de último minuto, no se compromete con ninguno y las relaciones estables le dan alergia.

La doméstica: te inflama los ovarios de tanto hablar de la nana, los pañales y el lava loza. Se compra lo último en tecnología de lavadoras y sabe mil tips para cultivar ciboulette en el jardín. Se luce con sus preparaciones caseras cuando invita, y hace que todas tengan cargo de conciencia por comprar el kuchen en el supermercado.

La comerciante: siempre al tanto de las últimas tendencias en moda, se pega los piques a Bogotá, Buenos Aires o Miami para traerse todo el matute y vender ropa y accesorios de casa en casa. Nunca vende la ropa barata, pero por alguna razón inexplicable, las amigas igual le compran. Se pasea por oficinas con colgadores y espejos, y va anotando en un cuadernito a los deudoras que se “pondrán al día” a fin de mes.

La diet: enferma de la ensalada, sale corriendo a la hora de la torta en los cumpleaños. Se le pudren los bombones que le regalan y en su casa no hay azúcar, solo endulzante. Si la invitas a comer, pide algo livianito para “poder” comer postre, y al día siguiente triplica la rutina en el gimnasio. Sale con las amigas y pide un pie de limón con 6 cucharas, porque la culpa la consume antes de comerse una porción sola.

**Columna publicada en www.somosdistintas.com el 11 de septiembre de 2012. Esta es la versión sin editar.

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2 pensamientos en “Amigas con etiquetas

  1. WUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAJAJAJAJAJAJAJA ! Que mejor categorización que esta ! ajajajajaja Lo único, mi querida Reineta, es que a la doméstica le hubiera añadido el temita de que hablan de los hijos, los pañales, remedios y demases; a sus conversaciones “misceláneas”. Como siempre: NOTABLE!

  2. bueno, pero para la parte 2 agrega a: la solterona, la eterna enamorá, la hicondriaca, la pastel, la catrasca, la mitómana….

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