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Señorita treintona soltera, usted que busca novio, pololo, pierno o amigo con cover, déjeme decirle que usted no está sola, algunas somos un poco más obsesivas y hasta hemos reflexionado seria y profundamente al respecto. Y entre reflexión y reflexión, a la luz de un licor de chocolate, hemos llegado a conclusiones tan reveladoras, que junto a mis amigas más íntimas hemos creído necesario compartirlas, y se me ha encomendado la misión de escribirlo “en bonito” y difundir la palabra: muchas treintonas buscan, a estas alturas, un tipo 0 Km.

Mi epifanía sería entonces decirles que un hombre que pasados los 30 es cero kilómetro, es un hombre sumamente pifiado, que probablemente tiene millones de trancas, está cagado de susto de la vida y que te esperan muchas desilusiones a su lado. Y cuando digo 0 Km, me refiero a muchos planos de la vida, no sólo al sexual. Es más, una mujer que quiere un hombre puro y casto a los 30, es porque no tiene idea de lo bien que le hacen a una aquellos con más recorrido. Pero enfoquémosnos en qué significa ser 0 Km.

En mi mundo, el hombre 0 Km es aquel que viene sin mochila, sin cargas asociadas, sin hijos, sin ex mujer, sin ex polola psicopática y sin deudas. Esos hombres, esos sí que me dan miedo. Y es que si lo piensas bien, si un hombre pasados los 30 llega a esa edad sin nada de eso, es simplemente un hombre que no vale la pena, que jamás se la ha jugado, que jamás ha invertido, que jamás ha amado. Que probablemente jamás se ha equivocado, pero no porque sea infalible, sino porque nunca ha tenido los huevos suficientes para tomar el riesgo. Estos son los que vienen con los papeles limpiecitos, nuevecitos de paquete, prístinos e inmaculados. Entonces se enamorará por primera vez y será de ti, aprenderá contigo, se equivocará contigo, serás la maestra de su proceso de maduración, lo pasarás pésimo y él irá luego a ser un hombre hecho y derecho, una mejor persona, pero con otra, con la que sigue, con la que lo agarra con la mochila puesta.

Entonces, en mi mundo prefiero a los que vienen con un par de párrafos de prontuario, múltiples apéndices, que tienen historia e histeria con su ex mujer, con hijos, con deudas y pensiones alimenticias, que vienen un poco más criados, con más horas de vuelo en lo personal y en lo emocional. Supongo que para criar, me basta con mi hija. Para criar hombres ya hay otras mujeres. Yo aprendí la lección: hoy me atrae, profundamente, todo aquello que a las comunes mortales paraliza.

Claro está, que nada te asegura que estos “ekekos emocionales” sean mejores personas, o que no vayan a romperte el corazón, o que no te vayan a hacer odiarlos cuando dejan la tapa del WC abierta -sus ex esposas no alcanzaron a domesticarlos completamente-, pero quisiera creer que tienen más cojones, que habrán aprendido de la vida un par de trucos, y habrán entendido un par de cosas. Yo al menos, soy quien soy, gracias a lo que he vivido, dónde he estado y las parejas que he tenido.

Supongo que soy mejor “pierna” ahora, que hace 10 años; y aprovecho de hacer un homenaje público a todos los ingenuos que en algún momento se atrevieron a ser mi pareja, podrán tener muchos defectos, pero fueron valientes por cierto. Y entre todos crearon un engendro con olor a mujer y melena despeinada, sumamente imperfecta, que les agradece humildemente su preferencia. Que pase el que sigue. No faltará un último ingenuo.

 

Columna publicada en Diario Publimetro el 19-10-2011

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