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LA SERENA

Luego de Coquimbo se nos apareció La Serena. Habíamos escuchado mucho, las grandes fiestas, muchos teams veraniegos, las papayas y las chirimoyas… pero mi primera impresión fue otra.

Probablemente esa impresión se puede dar en todas las ciudades de Chile, pero por alguna razón me chocó en La Serena, una ciudad compuesta de dos ciudades, el centro y la costanera… es que llegamos a buscar el hotelucho que habíamos reservado por internet, quedaba en pleno centro y según nosotros, eso era excelente… error, porque no teníamos idea que el centro quedaba “a la mierda” de la playa.

EL CENTRO

Sin duda que nos encantó el toque arquitectónico del centro, muchos edificios antiguos muy bien mantenidos, con callecitas ultra angostas, que aunque son un cacho para andar en auto, tienen su mística. Nuestro hotel quedaba en plenísimo centro, en medio de la contingencia comercial y el trajín propio del lugareño, no se veían muchos turistas, excepto si se te ibas acercando a la recova.

Un montón de serenenses, de una evidente piel más oscura y más curtida por el sol, y con rasgos claramente más cercanos al altiplano que al mapuche al que estoy acostumbrada y del que me he rodeado toda la vida; se notaba entonces que habíamos dejado el sur y entrábamos al norte.

Me sorprendió de forma notable que teniendo buen clima, no se aprovechara de poner terrazas fuera de los cafés, que no se hiciera peatonal la calle principal y que no se armara de ese centro un poco oscuro un punto de atracción turística, pero en fin; también me dejó perpleja ver la popularidad del enchulado de autos y que las partes y piezas se vendan en las vitrinas junto con la ropa del estilo y los accesorios del bling bling, nunca vi tanta pasión por enchular las maquinas.

LA COSTANERA

La costanera es otra cosa, se te olvida donde estás, deja de aparecer la lugareña de piel oliva y pelo oscuro, y comienza a aparecer la joven más clara, de pelo castaño claro o rubio evidentemente tinturado; se aleja la lugareña y aparece la turista. Si bien La Serena es un balneario top, la gente que lo visita, al parecer, es menos cuica que la que hemos visto en Reñaca o Pucón, podríamos decir que es más democrática, hay un poco más de todo.

La costanera es preciosa, comienza con el faro y continúa en una eterna hilera de bellos edificios y condominios que miran al mar, una ciclovía para los más valientes y una peatonal que nos permitió andar a pié todos los días, sacando el traste del auto y moviéndonos al compas de las olas.

Todo nuevo, todo muy blanco y limpio, restoranes y pubs, para postal internacional…pero ni una sola papaya!

Y es que claro, al parecer el tema de la papaya es demasiado folclórico y poco glamoroso, sólo se circunscribe al cuadrante del centro, donde todo es más folclórico y menos glamoroso.

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